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Libros

Isabel Allende, Premio Planeta 2026: "Me importa mucho la democracia porque sé lo que significa perderla y cuánto cuesta recuperarla"

La autora de 85 años reflexiona sobre la represión y la complacencia social actual en la presentación de 'La hora antes del alba', su nueva novela

El 4 de noviembre llegará a las librerías una primera edición con una tirada de 210.000 copias

Isabel Allende, la escritora ganadora del Premio Planeta 2026, posa para los fotógrafos antes de la rueda de prensa.

Isabel Allende, la escritora ganadora del Premio Planeta 2026, posa para los fotógrafos antes de la rueda de prensa. / FERRAN NADEU

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Leticia Blanco

Leticia Blanco

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Isabel Allende escribió ‘La casa de los espíritus’ en la cocina de su apartamento de Caracas, su particular “habitación propia”. Lo hacía por las noches, después de lavar los platos y acostar a sus hijos. En ratos que nunca superaban las dos horas y tras dos turnos de trabajo, exhausta. La publicó cumplidos los 40 y nada hacía presagiar entonces que, 44 años después, sería la flamante ganadora de la 75ª edición del Premio Planeta con la continuación de aquella historia familiar marcada por la violencia y la dictadura. El próximo 4 de noviembre llegará una primera edición con una tirada de 210.000 copias a las librerías de ‘La hora antes del alba’.

Allende tiene hoy 84 años y durante todo este tiempo, confiesa, ha seguido pensando en Alba, la única que quedaba viva al final de aquella saga leída por varias generaciones de lectores en todo el mundo. “¿Qué pasó con esa niña de 20 años, traumatizada, embarazada, sola en una gran casa llena de pasado, espíritus y drama? Imaginar todo eso fue muy interesante”, ha explicado hoy la escritora más leída en lengua española. Lo ha hecho en un encuentro con la prensa donde ha hablado de exilio, memoria, libertad y desgaste de la democracia, en un (por momentos, escalofriante) recordatorio de que la historia tiende a repetirse.

Más detalles sobre la trama de la novela: Alba tiene un villano, su torturador, que le hace la vida imposible. Pero no abandona el país porque “lo ama demasiado y cuesta mucho salir, irse y adaptarse a otra parte”. Chile, como en ‘La casa de los espíritus’ y en sus otros libros, nunca se menciona pero ahí está. “Ella se queda esperando su amante, que era un guerrillero que desaparece en los primeros días de la dictadura. Se queda también por la casa, que representa también al país y todo lo que le ocurre”, en dos niveles de lectura que tienen varios paralelismos con ‘La añoranza’ de Sergio Hernández, finalista del Premio. Ambas novelas están protagonizadas por dos mujeres muy jóvenes (la de Hernández tiene 18 años) enamoradas en una dictadura, la del escritor valenciano en la España franquista.

“A mí me parece extraordinario que tú y yo hayamos escrito una novela sobre la represión, en un ambiente en el que falta la libertad, censurado. Porque no nos conocíamos y yo no tenía ni idea de quién iba a ser el finalista. Sin embargo, el tema está en el aire”, le ha dicho Allende a su compañero de galardón. “Creo que a los dos nos atañe el tema porque nos importa. A mí me importa mucho la democracia, porque sé lo que significa perderla y cuánto cuesta recuperarla. He vivido todos estos años en un estado de memoria, tratando de mantener en mi vida a mi país. Vivo el recuerdo de toda la gente que perdí y de toda la gente que tal vez no he perdido, que todavía existen, pero ya están viejos, dispersos. Este es un momento en el que veo que el mundo peligra, el tema me cayó. Podría haber escrito este libro en 1985, pero no estaba maduro. Han pasado todos estos años para que las circunstancias me fuercen a volver a él”.

Isabel Allende, la escritora ganadora del Premio Planeta 2026, y Sergio Hernández, escritor finalista, posan para los fotógrafos antes de la rueda de prensa.

Isabel Allende, la escritora ganadora del Premio Planeta 2026, y Sergio Hernández, escritor finalista, posan para los fotógrafos antes de la rueda de prensa. / FERRAN NADEU

Censura y complacencia

Allende, es sabido, vive desde hace décadas en Estados Unidos, donde el clima democrático ha ido degradándose especialmente en los último mandato de Donald Trump y varios estados han prohibido ‘La casa de los espíritus’. “Hemos ido aceptando día a día cosas que hace dos años serían totalmente inaceptables como la corrupción, que al principio era un escándalo. Uno va como acostumbrándose y piensa, total, no me afecta a mí en lo personal”, ha reflexionado. “Lo veo día a día y me asusta la complacencia, porque eso le da toda la ventaja al otro”. Sobre la censura de sus libros, la chilena ha asegurado que es un “tremendo honor” porque significa que “todo el mundo te va a leer”. “Si llegan a prohibirnos significa que algo estamos haciendo bien”.

Hay dos maneras de perder la democracia, con un golpe como en Chile o poco a poco, minándola “hasta que se derrumba”, ha recordado la autora de ‘Paula’. “Los escritores pasamos mucho tiempo solos, en silencio, y en ese vacío, en esa habitación privada de la cabeza donde uno entra, se pueden hacer relaciones, conexiones, que en la vida normal, en el ruido del mundo, no se hacen. Hay unas antenas que van captando lo que está en el aire, sin saberlo y sin intención premeditada. Uno escribe lo que está en el aire, en la conciencia colectiva, lo que está importando en este momento”.

El mensaje arruina la novela

Sin embargo, la escritora chilena no cree que las novelas deban adoctrinar ideológicamente. “El mensaje arruina la novela”, opina. Otra cosa es la ficción histórica, un terreno que Allende también ha trabajado y que le hizo darse cuenta de que la historia oficial está escrita por hombres, “los vencedores, generalmente hombres blancos”, y todas las demás voces son silenciadas. “En una guerra, por ejemplo, lo que se cuenta son las batallas, las fechas, los triunfos o las derrotas. No están las voces silenciadas, que son las más interesantes, las voces de las mujeres, los niños, los pobres, de los derrotados, incluso los animales, ¿qué pasó con los caballos y las mulas?”. Es ahí dónde Allende suele indagar porque considera que “esa es la vida misma” y no la historia oficial, “que generalmente no es la verdadera y está completamente teñida por una ideología”.

"Gente que parece insignificante"

Sobre esas vidas de las personas anónimas se levantan las historias de Allende, que ha revindicado a esa "gente que parece insignificante y en los momentos en que se ponen a prueba salen con heroísmo, coraje y generosidad”. “Eso a mí me emociona, porque lo vi cuando en los momentos más grandes de Chile, al comienzo del golpe militar. Vi cuánta gente solidaria había y cuánto traicionaban también. Aquellos que era capaces de arriesgar su vida para ayudar a otros, hasta hoy me hace llorar, y ese es el tema que vuelve a aparecer en mis libros. Lo que he descubierto es que la edad no te hace más sabio, te hace más de lo que ya eras. Yo no he madurado nada. Todavía me apasionan las mismas cosas. Todavía me enamoro del primero que va pasando y todavía me gusta Antonio Banderas. No he cambiado. Me interesan ciertos temas y vuelvo a ellos. Son como obsesiones".

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