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Actriz con tres Goya

Laia Marull ('El castillo'): "En la época en la que la televisión era más de culebrón me interesaba menos"

La actriz catalana interpreta a una policía que lucha contra la mafia proxeneta y la trata en la nueva serie de Movistar Plus

Omar Ayuso ('El castillo'): "La trata es una realidad muy compleja que sabemos que existe, pero que no miramos de frente"

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Laia Marull

Laia Marull / MOVISTAR PLUS

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Marisa de Dios

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Laia Marull es la única intérprete que cuenta con tres Goyas en las principales categorías femeninas de los premios del cine español: mejor actriz revelación (por 'Fugitivas'), mejor actriz protagonista ('Te doy mis ojos') y mejor actriz de reparto ('Pa negre'). Aunque no suele prodigarse demasiado en las series, últimamente la hemos visto en 'El mapa de los anhelos' y ahora acaba de estrenar en Movistar Plus 'El castillo', sobre la mafia proxeneta.

--Cuando leyó el papel de Carmen, esta policía que hace en 'El castillo', ¿qué fue lo que más le llamó la atención?

Me llamó la atención la serie en sí, la temática y cómo estaba enfocada. Y de mi personaje me atrajo mucho esta inspectora de policía que hace su trabajo de una manera más de hormiguita, más pegada a los datos del día a día. Ya tiene una edad y, a finales de los 90 o principios de los 2000, aunque seas buena, sabes que probablemente no vas a ascender mucho más. Ella se toma el trabajo muy en serio y lo que más me interesaba era precisamente su evolución: empieza haciendo lo que le toca, buscando a inmigrantes en situación irregular, investigando y, si hace falta, deportándolos. Pero poco a poco se da cuenta de que las víctimas son ellas. Y entonces surge la pregunta de qué hacer con eso. Me interesaba mucho cómo va creciendo su empatía a medida que ve lo que está ocurriendo. También había un plus en hacer pareja policial con Omar Ayuso. Era muy interesante ese choque con un personaje más joven, más 'machirulo', que cree que se va a comer el mundo, que quiere ascender y ponerse todas las medallas.

--La serie parte de un libro de no ficción de Mabel Lozano. ¿Sintió una responsabilidad especial sabiendo que detrás de 'El castillo' hay mucha realidad?

Sí, claro. Además, es una realidad a la que no miramos. Está aquí, con nosotros, pero la tenemos completamente relegada. Ya miramos poco a los inmigrantes en situación irregular, que muchas veces los relegamos a los peores trabajos de nuestra sociedad, y tampoco miramos a las prostitutas porque parece que, si alguien decide prostituirse, “allá ella”, y entonces da igual todas las ilegalidades que se cometan contra esa persona. Me interesó mucho descubrir cómo funciona el proxenetismo, cómo se crean estas mafias y cómo algunos hombres pasan a convertirse prácticamente en señores con esclavas. Cómo aumentan su riqueza, cómo se organizan para no ser descubiertos, cómo la sociedad no está preparada o no le importa lo suficiente, cómo funcionan las leyes, los jueces… Es una realidad a la que no miramos.

--¿Pudo hablar con Mabel Lozano y plantearle dudas?

Sí. Mabel vino un par de veces al rodaje. Yo, por supuesto, me leí el libro, aunque mi personaje no aparece en él, es ficticio. También me informé por mi cuenta. Vi el documental que había hecho Mabel, a quien ya conocía como creadora, y buscamos mucha información sobre la época. Yo también estuve investigando sobre la trata y me di cuenta de que hasta muchos años después no hubo una respuesta legal más integral. Eso me hizo pensar en el nivel de desinformación que debía tener la gente, como mi personaje, en aquella época.

--¿Descubrió cosas preparando la serie que le impactaran especialmente? La ficción lanza datos muy duros sobre prostitución y trata.

Es que hay tantos… Miles de personas entran incluso sabiendo que van a prostituirse, pero ese no es el principal problema. El problema es cómo están esclavizadas, cuánto dinero se gana a través de ellas sin que vean prácticamente nada. La serie habla sobre todo de trata, no tanto de la prostitución en sí, que daría para otro debate. Estamos hablando de tráfico de personas y de explotación. Cada vez que empezaba a estudiar el tema pensaba: “¿De verdad esto pasaba? ¿Y sigue pasando?”. Y sí. La responsabilidad es mayor cuando tratas algo que sabes que está ocurriendo, que nadie se lo está inventando. Es mucho más duro. Se te cae el alma al suelo en muchas ocasiones. Hay escenas, por ejemplo, de redadas en las que Carmen se encuentra con una chica rumana menor de edad, o momentos en los que ves cómo viven hacinadas en habitaciones con literas, sin espacio, y son prácticamente niñas, con sus peluches.

Laia Marull y Omar Ayuso, en 'El castillo'

Laia Marull y Omar Ayuso, en 'El castillo' / María Heras / Movistar Plus

--¿Cree que la ficción puede conseguir que una realidad que vemos en las noticias nos afecte de una manera distinta?

Ojalá. Creo que eso es lo que pretendemos a veces quienes hacemos este trabajo. Sabemos que no siempre es posible, pero una ficción puede hacerte mirar una realidad a la que quizá dabas la espalda, que desconocías o que no te importaba lo suficiente. A través de la empatía o simplemente al descubrir que existe, puedes mirarla más de cerca, dejar de darle la espalda o reflexionar. Además, Isa Peña y Eduardo Villanueva escriben desde un lugar en el que, aunque evidentemente hay una mirada detrás, también existe una voluntad de observar cómo sucede todo desde distintos ángulos. Creo que eso está muy bien conseguido. Y cualquier personaje, sea policía o proxeneta, podría ser tu padre o tu tío. Formamos parte de esta sociedad y lo tenemos al lado. Si no lo miramos es porque no queremos. Parece que, si te dedicas a la prostitución, todo lo que te ocurra pasa a ser tu problema.

--En su trayectoria hay una película fundamental, 'Te doy mis ojos', que también abordaba una violencia contra las mujeres. Aunque las historias sean completamente distintas, ¿ve alguna conexión con 'El castillo'?

Sí, evidentemente hay una conexión en el hecho de que vivimos rodeadas de machismo y de que eso afecta a muchísimas cuestiones de nuestro día a día. En ese sentido sí, aunque por lo demás son historias completamente distintas.

--¿La gente todavía la para y le habla de 'Te doy mis ojos'?

Sí, claro. Con 'Te doy mis ojos' me di cuenta de que hay temas que, cuando se abordan desde la ficción, mucha gente los escucha de otra manera o incluso los descubre. En ese sentido, la ficción tiene una importancia enorme. Otra cosa es que la sociedad cambie tan rápido como nos gustaría. Eso ya es otro tema.

Raúl Arévalo, Omar Ayuso y Laia Marull, en 'El castillo'

Raúl Arévalo, Omar Ayuso y Laia Marull, en 'El castillo' / MANOLO PAVÓN / MOVISTAR PLUS

--Al inicio de su carrera la llamaban para hacer televisión, pero lo rechazaba hasta que llegó 'Estació d'enllaç'. ¿Por qué tenía tantas dudas?

Tenía más ganas de hacer cine y teatro. En el teatro creas algo con un equipo durante un periodo de trabajo intenso. Hay tiempo para construir y disfrutarlo. Y el cine me parecía algo parecido. También es verdad que cada vez más el cine se hace con cuatro duros y en cuatro días, y que las series se trabajan cada vez más como películas largas. como 'El castillo'. En una época en la que la televisión era más de culebrón, por decirlo de alguna manera, me interesaba menos. No porque me parezca un trabajo menor, sino porque me atraían menos ese tipo de personajes y esa forma de trabajar. Pero cuando entras en una serie como 'El castillo', con algo que decir y con un trabajo importante detrás, me interesa muchísimo más. Además, aquí se trabaja con rigor en todos los departamentos y con el tiempo necesario, dentro de lo posible. Siempre queremos más tiempo y más dinero cuando rodamos, claro, pero para mí esa forma de trabajar marca la diferencia.

--Si le propusieran ahora una serie diaria en TV3 o en cualquier otra cadena, ¿la aceptaría?

Nunca se sabe. Nunca digas: “De este agua no beberé y este cura no es mi padre”. Es una frase que me decía mi propio padre.

--En una época rechazó muchos papeles y a veces pensaba si de tanto decir que no la iban a dejar de llamar. ¿Existe ese miedo?

Sí, forma parte de nuestra profesión. Mucha gente no se atreve a decir que no porque puede necesitar el trabajo o simplemente porque le da miedo que no vuelvan a llamarla. Existe ese riesgo: no solo que se olviden de ti, sino también que la persona a la que has dicho que no interprete que no quieres trabajar con ella y no vuelva a contar contigo. Como dependemos de que nos quieran para los proyectos, esa incertidumbre siempre está ahí.

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