Camino a paso ligero, llego tarde como siempre. Pero no tengo prisa, es "juernes" y voy rumbo al fin de semana.
Al llegar a un cruce, levanto la vista y la veo: parche en el ojo, pañuelo en el pelo y pantalones por la pantorrilla. ¡Una mujer pirata cruzando Alhamar! ¿Habrá dejado su barco en el Genil? O, más probablemente, en Motril con la sequía que hay, y está aquí para encontrarse con su novia en este puerto (o su novio, o los dos), como dice la canción. El coche que estaba pasando frente a ella termina de pasar, y se esfuma el encanto. El parche resulta ser un mechón de pelo rebelde, el pañuelo es un foulard que el viento ondea y los pantalones... Son de Zara. O eso es lo que quiere que piense para pasar desapercibida entre la multitud. Seguro que está pensando sobre hacer pillaje, la tienda de la esquina parece llamar su atención. La miro con sospecha mientras ella evalúa la seguridad de la tienda.
Sigo andando San José Baja adelante, hasta que un ninja venido a menos se cruza frente a mí. Va vestido entero de negro y se mueve de una sombra a a otra, rápido y certero. Su barriga cervecera demuestra que no está en plenas facultades, de ahí que haya podido verlo. Se camufla entre las sombras de un bar en el que, en un abrir y cerrar de ojos, se disfraza de camarero y empieza a limpiar mesas. Pero no me engaña, lo que asoma del pantalón no es un abre botellas, sino una estrella de cuatro puntas, un nunchaku?
Al girar la esquina hacia Recogidas un oso de peluche enreda su correa en mis pies. No, no es una correa, son los hilos del titiritero que lo mueve desde las sombras. Parece casi un animal de verdad de lo bien que lo maneja, pero ningún perro podría tener ese pelo rizado y ser tan achuchable.
Giro de nuevo y me encuentro un aquelarre de 6 o 7 brujas y brujos que traman maleficios contra los jóvenes sentados en una terraza. ¿O son bandoleros preparando un ataque y los brujos intentan evitarlo?
Entro en mi destino echando una última mirada al aquelarre por si los conjuros empiezan a saltar de un lado a otro.
La vida no es fácil, desenredar los hilos que la forman es nuestra misión si queremos comprenderla y disfrutarla.
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martes, 9 de enero de 2018
martes, 24 de septiembre de 2013
¿Seguridad? social
Domingo
2:00 AM
Me quito las lentillas y me hago un poco de daño... será que tenía el ojo seco.
10:00 AM
Ups, tengo el ojo como pegajoso. Me miro en el espejo: miles de legañas alrededor del ojo y el blanco del ojo ya no es blanco sino rojo. Me lo lavo bien y parece que va mejor.
8:00 PM
Uhm... esto sigue molestando. Me echo lágrimas artificiales y parece que se calma... lo dejaremos estar un día.
Lunes
8:00 AM
Ojo rojo y miles de legañas. Uhm... Me lavo el ojo con lágrima artificial.
3:00 PM
Ojo rojo. Miles de legañas. Esto no mejora... voy a pasarme por el centro de salud de aquí al lado a ver qué me dicen.
3:15 PM
Administrativo sin levantar la vista de los papeles: ¿Sí?
Yo: Hola, verá es que tengo el ojo rojo porque creo que me hice daño con la lentilla... y era para ver si me podrían atender de urgencias.
A sin levantar la vista: Pues debería pedir cita con su médico de cabecera, ¿quién es? Y veo que hueco tiene esta semana.
Yo: Es que este no es mi centro de salud, pero como me molesta...
A mirándome con cara de pocos amigos: Es que tiene que ir a su centro de salud. ¿Cuál es? ¿No puede ir para allá?
Yo (mosca): Pues verá, es que está lejos y esto me molesta bastante.
A mirándome con odio: Pues no está tan lejos, puede ir para allá perfectamente. Que eso no es una urgencia, ni que tuviera la pierna rota o algo así.
Yo (cabreada): Sí, pero así tampoco es que pueda conducir, por ejemplo.
A (borde total): Pero no hay gente con un solo ojo que conduce... Anda, voy a ver si le puede atender la doctora.
A (al teléfono en plan quejica): Sí, que hay una muchacha aquí con el ojo que dice que no puede ir a su centro de salud. Que si la atiendes... La doctora le atenderá en un rato.
4:00 PM
Paso a la consulta me mira el ojo desde el otro lado de la mesa.
Médico: Pues parece que sí lo tienes irritado. (Hombre, claro, tengo el ojo rojo e hinchado... ¿no me digas?). Te voy a poner unas gotas para que se te baje la infección y tenlo tapado cuanto más tiempo mejor.
9:00 PM
Después de un buen rato con el ojo tapado con un parche debería de estar mejor... pero me molesta horrores... Me quito el parche. Ojo rojo. Miles de legañas. Otra vez. Esto no es buena señal. Bueno, vamos a darle otro rato. Lavado.
11:30 PM
Ojo rojo. Miles de legañas. Lavado y gotas.
Martes
5:00 AM
Ojo rojo. Miles de legañas. Lavado y gotas.
8:00 AM
Ojo rojo. Miles de legañas. Lavado.... Me voy a urgencias que me vea un oftalmólogo.
9:15 AM
Llegada a urgencias, está casi vacío (¡bien! va a ir rápido). Me pasan a esperar fuera de la consulta de oftalmología. 3-4 personas delante mía.
10:00 AM
Todavía no ha entrado ni salido nadie de la consulta.
10:50 AM
Paso a la consulta. Me mira el ojo la doctora para echarme un colorante y poder mirarme el ojo bien.
Doctora: Oye... si tienes algo ahí. A ver... creo que es la lentilla. Espera que venga mi compañero que es el oftalmólogo.
Oftalmólogo: Sí, está la lentilla ahí. ¿No te la quitaste?
Yo: Yo creía que sí, al menos un buen cacho salió... pero no me fijé si estaba entera.
Oftalmólogo: Pues ahí queda un trozo.
Doctora: Pero mujer, ¿y cómo has aguantado con eso ahí?
10:55 AM
Trozo de lentilla fuera del ojo. Ojo amarillo del colorante, pero ya no duele infinito. Felicidad en aumento.
Doctora: pues te echas estas gotas y nada de lentillas en 20 días.
Yo: Lo que no sé es cómo no lo vieron en el centro de salud.
La doctora me mira y no dice nada.
¿Cómo te quedas?
2:00 AM
Me quito las lentillas y me hago un poco de daño... será que tenía el ojo seco.
10:00 AM
Ups, tengo el ojo como pegajoso. Me miro en el espejo: miles de legañas alrededor del ojo y el blanco del ojo ya no es blanco sino rojo. Me lo lavo bien y parece que va mejor.
8:00 PM
Uhm... esto sigue molestando. Me echo lágrimas artificiales y parece que se calma... lo dejaremos estar un día.
Lunes
8:00 AM
Ojo rojo y miles de legañas. Uhm... Me lavo el ojo con lágrima artificial.
3:00 PM
Ojo rojo. Miles de legañas. Esto no mejora... voy a pasarme por el centro de salud de aquí al lado a ver qué me dicen.
3:15 PM
Administrativo sin levantar la vista de los papeles: ¿Sí?
Yo: Hola, verá es que tengo el ojo rojo porque creo que me hice daño con la lentilla... y era para ver si me podrían atender de urgencias.
A sin levantar la vista: Pues debería pedir cita con su médico de cabecera, ¿quién es? Y veo que hueco tiene esta semana.
Yo: Es que este no es mi centro de salud, pero como me molesta...
A mirándome con cara de pocos amigos: Es que tiene que ir a su centro de salud. ¿Cuál es? ¿No puede ir para allá?
Yo (mosca): Pues verá, es que está lejos y esto me molesta bastante.
A mirándome con odio: Pues no está tan lejos, puede ir para allá perfectamente. Que eso no es una urgencia, ni que tuviera la pierna rota o algo así.
Yo (cabreada): Sí, pero así tampoco es que pueda conducir, por ejemplo.
A (borde total): Pero no hay gente con un solo ojo que conduce... Anda, voy a ver si le puede atender la doctora.
A (al teléfono en plan quejica): Sí, que hay una muchacha aquí con el ojo que dice que no puede ir a su centro de salud. Que si la atiendes... La doctora le atenderá en un rato.
4:00 PM
Paso a la consulta me mira el ojo desde el otro lado de la mesa.
Médico: Pues parece que sí lo tienes irritado. (Hombre, claro, tengo el ojo rojo e hinchado... ¿no me digas?). Te voy a poner unas gotas para que se te baje la infección y tenlo tapado cuanto más tiempo mejor.
9:00 PM
Después de un buen rato con el ojo tapado con un parche debería de estar mejor... pero me molesta horrores... Me quito el parche. Ojo rojo. Miles de legañas. Otra vez. Esto no es buena señal. Bueno, vamos a darle otro rato. Lavado.
11:30 PM
Ojo rojo. Miles de legañas. Lavado y gotas.
Martes
5:00 AM
Ojo rojo. Miles de legañas. Lavado y gotas.
8:00 AM
Ojo rojo. Miles de legañas. Lavado.... Me voy a urgencias que me vea un oftalmólogo.
9:15 AM
Llegada a urgencias, está casi vacío (¡bien! va a ir rápido). Me pasan a esperar fuera de la consulta de oftalmología. 3-4 personas delante mía.
10:00 AM
Todavía no ha entrado ni salido nadie de la consulta.
10:50 AM
Paso a la consulta. Me mira el ojo la doctora para echarme un colorante y poder mirarme el ojo bien.
Doctora: Oye... si tienes algo ahí. A ver... creo que es la lentilla. Espera que venga mi compañero que es el oftalmólogo.
Oftalmólogo: Sí, está la lentilla ahí. ¿No te la quitaste?
Yo: Yo creía que sí, al menos un buen cacho salió... pero no me fijé si estaba entera.
Oftalmólogo: Pues ahí queda un trozo.
Doctora: Pero mujer, ¿y cómo has aguantado con eso ahí?
10:55 AM
Trozo de lentilla fuera del ojo. Ojo amarillo del colorante, pero ya no duele infinito. Felicidad en aumento.
Doctora: pues te echas estas gotas y nada de lentillas en 20 días.
Yo: Lo que no sé es cómo no lo vieron en el centro de salud.
La doctora me mira y no dice nada.
¿Cómo te quedas?
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lunes, 25 de octubre de 2010
¿Un día como otro cualquiera? (Capítulo V)
Menuda noche que llevo... y sólo acaba de empezar, pensó Raphael mientras auscultaba al paciente. Un atropello con fuga, una pelea a navajazos entre hermanos, una embarazada sexagenaria de parto y ahora esto, una traqueotomía chapucera hecha por una rata de laboratorio en un pub.
- Ángel... -susurró el paciente.
- ¿Perdone? Señor... Brooks, ¿se encuentra usted bien? ¿sabe dónde está?
- ¿Donde... está... el ángel? - preguntó con dificultad el paciente mientras abría los ojos.
- Tranquilícese, soy el doctor Raphael Breuer. Está en un hospital, no intente hablar. ¿Puede seguir la luz? - Está delirando, mierda, ¿tendrá un derrame por la caída?- pensó Raphael mientras movía una pequeña linterna delante de los ojos.
Tras varias comprobaciones más, Raphael se relajó. El señor Brooks empezó a contestar coherente y todo parecía estar bien. Llamó a un enfermero y le pasó el historial actualizado del paciente.
- Señor Brooks...
- Llámeme Johnny, por favor.
- Bien, Johnny. Le han practicado una traqueotomía de emergencia que le ha salvado la vida, pero que puede infectarse. Así que vamos a darle antibióticos y a tenerle en observación, ¿de acuerdo?
- Sí,... pero... ¿dónde está el ángel de la muerte?
- ¿Perdón? - ¿ángel de la muerte?¿dónde he leído yo eso? se preguntó Raphael.
- Ehm... quien me mat... la persona que me salvó.
- ¡Ah! La chica que le practicó la traqueotomía está en la sala de espera - señaló Rick, el enfermero -. No la hemos dejado pasar porque no era familia.
- ¿Quiere usted que vayan a buscarla?
- Sí, por favor.
- ¿Quiere que vaya a buscarla yo, doctor? - preguntó Rick.
- No, me acercaré yo, quiero hablar con ella sobre la "intervención".
Raphael salió de la habitación moviendo la cabeza - ángel de la muerte, ¿de qué me suena?- y se encaminó a la sala de espera. Había poca gente a esas horas, un par de personas esperando entrar en urgencias y una chica. La chica era joven, más bien regordeta y con el pelo castaño y liso; esperaba sentada en uno de los bancos mientras jugaba nerviosa con un mechón de cabello.
- Hola, soy el doctor Breuer, ¿es usted amiga del señor Brooks?
- ¿El señor Brooks? Ehms...¿el alma perdida? digo... ¿Johnny?
- Sí,... Le realizó una traqueotomía en mitad de un bar, ¿no?
- Pues... sí, bueno, se estaba ahogando... se había atragantado... un accidente y... y... simplemente actué.
- Y lo hizo muy bien, dadas las circunstancias. ¿Es usted médico, señorita...?
- Williams, Martha Williams. Y no, bueno, sí. Estudié medicina -contestó la muchacha sonrojándose-, pero ahora mismo trabajo en el laboratorio de farmacéutico de la Universidad.
- ¡Ah! - No iba tan desencaminado con lo de rata de laboratorio después de todo, pensó con una sonrisa-. Su... amigo pregunta por usted, por favor, venga conmigo.
Raphael acompañó a Martha hasta la habitación y después se dirigió hasta la sala de enfermeras. Mientras pensaba en la extraña pareja.
- ¿Cómo se encuentra la señora Diane Smith?
- La milagrosa Sarah evoluciona perfectamente. Y el pequeño también está bien. - le contestó una de las enfermeras.
- ¿Sarah? - preguntó Raphael con un temblor en la voz.
- Sí,como en la Biblia, la mujer de Abraham que dio a luz tan mayor...
- Ehm... claro, claro, Sarah, jeje... discúlpame.
A paso ligero Raphael se dirigió hasta el cuarto de baño y vomitó. Ahora recordaba dónde había leído lo del ángel de la muerte. Con manos temblorosas metió una mano en el bolsillo de su camisa y sacó un papel doblado. Lo extendió completamente y releyó lo que había allí escrito.
Instrucciones para la redención: Raphael, ángel de la enfermedad
Si no cumple las siguientes instrucciones fallecerá irremediablemente en 10 días.
1º Salvar a Abel de las manos de Caín.
2º Ayudar a Sarah a dar a luz.
3º Parar la caída de Lucifer, el ángel de la muerte.
4º Matar a Nabucodonosor, alma perniciosa.
...
Pero, ¿qué estaba pasando? Todo este follón parecía sacado de una teleserie barata y sin embargo... Una nueva nausa le retorció el estómago y se inclinó sobre el váter justo a tiempo.
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